Jordi Amenós: “Hemos perdido los lenguajes del alma, que son los que dotan de sentido profundo la existencia”

jordi amenós

Jordi Amenós es narrador especializado en el trabajo de cuentos y metáforas para el crecimiento personal. Desarrolla su labor como terapeuta y formador en Constelaciones Familiares. Es creador de la “Narrativa Terapéutica”, un abordaje de ayuda y desarrollo humano a través del descubrimiento de nuestras múltiples identidades y su extensión narrativa. De la mano de Instituto Aware, Amenós comenzará en Valencia el próximo junio la Formación en Narrativa Terapéutica , en las que nos invita a mirar nuestra vida con ojos de narrador y descubrir cómo nuestras propias narrativas internas se despliegan ante nuestro futuro. En la entrevista nos desgrana algunas de la claves de este apasionante proceso de descubrimiento personal.

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¿Qué pretende la formación en Narrativa Terapéutica?

La formación en Narrativa Terapéutica tiene tres grandes objetivos.

El primero, que la persona tome consciencia de su mito personal, es decir, de qué manera se narra la vida, consciente e inconscientemente, generando así comprensiones que giran en torno a las historias que se cuenta a él mismo.

El segundo, que el alumno realice un proceso terapéutico con el objetivo de conocerse mejor, pero sobretodo con la esperanza de que en la formación pueda dejar atrás capítulos del pasado que ya no son necesarios y pueda abrirse a nuevas posibilidades de futuro.

El tercero es que durante el proceso la persona descubra y potencie su creatividad para llevarla a los aspectos de su vida que quiera.

¿Qué significa que somos seres narrativos?

La frase es de Eduardo Galeano, quien seguramente la citó entorno a la literatura. Pero si la miramos desde un punto de vista de vivencia personal, podemos descubrir cómo nuestra experiencia subjetiva se organiza en tramas narrativas. Nuestro pasado tiene forma de historia y nuestros deseos tienen forma de historia. Incluso para poder expresar el dolor o la alegría, utilizamos narrativas para dar forma a la experiencia. Somos seres narrativos, contamos historias continuamente, a veces, sin ser conscientes.

¿Qué es la identidad mítica y cómo podemos descubrir la nuestra?

La “identidad mítica” es un concepto creado por Eric Berne, donde exploramos la proyección de la identidad personal en los espacios de ficción. Es un trabajo curioso, muy creativo, que nos permite conocernos y tomar más consciencia de qué tipo de relación tenemos con los demás y qué mirada tenemos del pasado y del futuro. Cita el terapeuta Jaume Cardona, especialista en el trabajo de sueños, que hay “una parte de nosotros que sabe más que nosotros mismos”. Muchas veces en el trabajo de la identidad mítica descubrimos cómo los personajes de ficción que nos han impactado o gustado durante nuestra biografía tienen más información sobre nosotros de lo que creíamos.

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¿Cuál es la “mentira” más habitual que nos contamos?

El ser humano vive continuamente en su realidad subjetiva. De esta manera nos movemos por el mundo con nuestro propio mito de lo que deberíamos ser y no somos. Así pues, la mentira más habitual es pensar que nuestro modelo es estático y verdadero, cuando en realidad siempre somos incoherentes y cambiantes en muchos aspectos. Ya lo decía Walt Whitman: “¿Me contradigo? Sí, ¡me contradigo! Contengo multitudes.

¿En qué medida la historia que nos contamos determina nuestra relación con el otro?

Totalmente. El patrón relacional que aprendimos en la familia, en la infancia y en la sociedad quedará argumentado con buenas razones en nuestro interior, generando una narrativa que apoya el patrón. De esta manera siempre nos contaremos algo sobre nosotros o el otro que determinará el tipo de relación, o de imposibilidad de relación, en el contacto humano.

¿La historia que nos contamos puede impedir pasar de capítulo en la novela de nuestra vida?

Claro. Joseph Campbell decía que “definir la vida te alía con el pasado”. En muchas de nuestras historias sobre el pasado está encerrada la emoción que no pudo expresarse. De manera que se enquista la historia y se oculta la expresión de lo emocional. Desde ese lugar es muy difícil cerrar duelos y despedidas de capítulos de nuestro pasado.

Si me cuento a mí mismo un cuento que no me gusta, ¿qué puedo hacer?

Mi propuesta en la Narrativa Terapéutica es trabajarlo como un proceso de crecimiento y desarrollo personal. Pero puede vivirse desde otros lugares: cada persona elige el modelo terapéutico que le hace bien, sea gestalt, conductismo, coaching, psicoanálisis, sistémico, corporal… Sea como sea, necesitaremos de los ojos de otro para poder descubrir lo que no podemos ver o integrar de nosotros. Somos ciegos y sordos en nuestro propio mito, necesitamos otra mirada que nos acompañe. Así pues, la terapia, los grupos de crecimiento, los amigos, la reflexión, a veces son buenos aliados para tomar conciencia de las historias que vamos generando de forma espontánea para sostenernos en el mundo.

¿Hay opción para cambiar la propia historia?

Claro. Citando a Winslawe, dice que el ser humano es “multihistoriado”. Así pues, más que cambiar la propia historia, el proceso es recuperar lo no narrado y descubrirnos de otras maneras. Es ahí donde los relatos personales toman otros matices y se progresa en un proceso orgánico que tendrá como consecuencia el hecho de vivirnos desde otras maneras de narrarnos.

¿Qué tipo de cuento nos impone la sociedad actual?

Muchos, pues la sociedad somos los humanos que la generamos. Pero a grandes rasgos nosotros vivimos en el mito científico-tecnológico. Tenemos móviles, llevamos gente a la luna y curamos enfermedades. Son grandes logros. Pero como todo mito, tiene una parte ignorada. Así pues, en nuestra sociedad, el lenguaje ritual, la mitología, e incluso las humanidades en general no tienen un lugar determinante. Solo hace falta ver el sistema educativo. Somos excelentes en el estudio científico. Pero hemos perdido los lenguajes del alma, que son los que dotan de sentido profundo la existencia.

En el tiempo que llevas impartiendo la formación en Narrativa Terapéutica, ¿qué aprendizaje personal has experimentado a través de las “historias”, “verdades” y “mentiras” de los alumnos?

Durante muchos años impartía talleres de cuentos terapéuticos y hablaba durante horas de los dones y fuerza que tiene este tipo de trabajo, de la belleza de las historias y de los cambios que provocan. Pero desde hace unos años, al ir creando el modelo de la Narrativa Terapéutica, dedico también un espacio a advertir de los peligros de las historias, de cómo quedamos hechizados en ellas y perdemos vitalidad en nuestro día a día. Y me preocupa mucho a nivel social cómo las empresas y la política hablan del “Storytelling” como un logro, cuando es también un gran peligro. ¿Recuerdan las “armas de destrucción masiva” en Irak? Es un gran ejemplo de Storytelling. La guerra se saldó con 400.000 muertos y un mundo peor. Estamos, dicen los expertos, en la época de la pos-verdad, donde es más importante el relato mediático que la verdad. Sin conciencia, una historia puede provocar mucho daño. Lo he visto también en muchos alumnos, su extrema fidelidad a sus narrativas se paga a veces con sufrimiento y dureza.

Yo creo que la historias son fantásticas para abrir las puertas de la vida y descubrirnos. Pero una mala gestión de ellas nos aleja de nuestra propia verdad y también de nuestra dignidad.

¿A quién recomendarías la formación en Narrativa Terapéutica?

A cualquier persona interesada en su crecimiento personal. A los amantes del arte. A quien quiera pasar unos días descubriéndose de forma lúdica, creativa y en un espacio seguro y con ganas de disfrutar de la formación. Y también a psicólogos, médicos, coaches, terapeutas, asesores,  profesores, abogados, etc., y a aquellas profesiones en el mundo de la ayuda que trabajan con personas en su día a día.

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